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FUNDAMENTO DE LA PAELLA A TODOS LOS QUE
SE INTERESAREN POR LA GENUINA PAELLA
VALENCIANA COCINAR LA PAELLA
VALENCIANA (Fragmentos) Reservados todos los derechos. Prohibida
la reproducción total o parcial, por cualquier medio, sin autorización escrita
del autor Juan B. Viñals Cebriá. Inscrito en el Registro de la
Propiedad Intelectual, V.- 1-08-2007.
|  | Según podemos saber por medio de la
documentada “Agencia Valenciana del Turisme”.-La gastronomia valenciana
está basada históricamente en:- "Los diez libros de agricultura del famoso
Columela, el Libro de Cocina del romano Apicio, las Etimologías de San
Isidoro (siglo VIII), el Libro de Cocina Hispano- Magrebí. Traducido por
Ambrosio Huici Miranda (siglo XIII), incluidos muchos párrafos metafóricos
de la poesía arabito andalusí surgidos de la imaginación de Ben al Talla y
Cafar Ben Hutman, entre otros literatos, además del libro Arte de Cozina
del valenciano Diego Granado, cocinero de Felipe II, configuran un
gigantesco antecedente cultural que de una forma directa o velada posee un
fiel reflejo en muchos de los hábitos alimenticios de estas tierras". Por
mi parte decir, que mis meritos, o conocimientos gastronomicos, caso de
poseerlos, son debido, a los continuados consejos y a las meritorias
confidencias que en la década de los años sesenta, con tanta paciencia me
revelara mi tia Maria, la hermana de mi madre, poseedora de la autentica
“recepta” (receta) de la paella de la
Parreta. | La idea o
FUNDAMENTO de la PAELLA VALENCIANA, tiene entre otras razones, dar ha conocer el
origen de la genuina receta nacida en la loada alqueria de la Parreta, que se
encontraba situada en un luminoso lugar del septentrión de extramuros de la
ciudad de Valencia. Además proyecta encaminar para que este Fundamento sirva de
guía y estricta observancia de cuales son las materias primas que se ajustan a
la verdadera formula de la paella reina y señora de la gastronomia valenciana.
Se le llama paella, no paellera, ni caldero, por que a sí lo decidieron con
acierto los ricos huertanos, y los labradores valencianos; en todo caso,
paellera es la mujer que cocina la paella. Como ocurrió con muchas de las
recetas gastronómicas tradicionales, la paella surgió como un plato condimentado
por las servidumbres para agasajar a sus señores, dueños de las acrisoladas
alquerias consideradas autenticas mansiones rurales en el antiguo reino de
Valencia. Los servidores o cocineros de los ricos huertanos, en las
celebraciones más significativas, cocinaban la "paella sense mànec", un
recipiente que ahora los valencianos llamamos sencillamente paella. En
principio, esta palabra designa el condimento y el recipiente; esa confusión de
significado, provocó para deshacer la ambigüedad, la lógica aparición del
término "paella sense mánec". Fue en ese recipiente cóncavo donde germinó la
deliciosa paella de la Parreta, soberana de la gastronomia
mediterránea.
Expuestos cuales son nuestros verdaderos propósitos,
nos referiremos aunque brevemente, para dejar constancia del anacronismo que
supone para el cocinero purista las llamadas paellas mixtas, al igual que las
otras, las que son un amasijo de demencias de ingredientes propios
de cocineros inexpertos. Las multitudinarias, donde por medio de cadenas y
plataformas se preparan un sinfín de raciones de paella, y de esas otras, las
llamadas “populares” que se condimentan con unos hierros triangulares en el
suelo de las calles. Antonio Vergara, siempre tan oportuno, tiene escrito algo
que viene muy apropósito.- “Cocinar cualquier cosa no debe entenderse una
expresión despectiva; antes al contrario. Cocinar cualquier cosa quiere decir
exactamente que los falleros le dan menos importancia al resultado de su
atrevimiento culinario que al hecho social de que mucha gente coma del mismo
caldero –independientemente de su bondad-, pues creen que una paella desastrosa,
una fideuà ídem, un arròs amb fesols i naps, o unas chuletas a la brasa, valen
en tanto en cuanto las personas se arraciman en torno a la lumbre callejera”.
Por lo tanto todas las mencionadas irreverencias culinarias, nada tienen que ver
con aquellas paellas que antaño se elaboraban con tanta solemnidad, ceremonial,
y boato. Con el rigor histórico que merece tan preciado manjar, la paella
valenciana nació, en principio, para solemnizar los grandes acontecimientos de
índole santoral, o familiar de los señores huertanos, después de la mano de la
burguesía capitalina, se integró en los círculos artísticos y culturales de
Alicante, Castellón y Valencia. Por aquellos mismos tiempos los dueños de tan
magnas alquerías y predios, seguían siendo en su mayoría los herederos de
aquellos caballeros que formaron las mesnadas que acompañaron al rey Don Jaime
I, durante la reconquista del antiguo Reino de Valencia. Esos mismos poderosos
huertanos asumían plenamente el célebre consejo del ensalzado Brillat-Savarin.
Siglo XVIII-XIX, el no va más del refinamiento, autor de "Fisiología del Gusto o
Meditaciones de Gastronomía Trascendente": su máxima: "Convidar a una persona es
encargarse de su bienestar durante todo el tiempo que esté en nuestra
casa.”
La difusión de este tan exquisito plato entre los más
exigentes del mundo de la gastronomia, lo haremos entrando con la paella
condimentada con la ortodoxa receta de la Parreta, y por lo tanto nos
incorporaremos con buena salud para llegar hasta el gusto y fomentar así la
cultura gastronomica a través de este plato tan singular. Acompañando a la dieta
mediterránea daremos a conocer en todo el mundo, el plato más universal de la
Comunidad Valenciana. El nacimiento de tan singular condimento, lo debemos de
situar en el siglo XVIII, data que nos la viene a confirmar la crónica del
Doctor. Gregorio Marañón, hombre justo, humanista y liberal, considerado como
uno de los más brillantes intelectuales españoles del siglo XX. Además de su
erudición, destacó por su elegante estilo literario. En la década de los años
cincuenta, dejaba escrito este interesante parágrafo, que sirve como veraz
confirmación de la partida de nacimiento, de tan exquisito plato, ya que don
Gregorio, que nunca escribía a humos de paja, nos deja constancia que la paella
era la comida con que se agasajaba a la nobleza, y era por lo tanto, el rico
manjar, con que eran obsequiados los más ilustres visitantes del viejo Reino de
Valencia.- “En todas las tierras valencianas reina, con rutilante y variada
gloria, la paella. Maravillosa es la valenciana. Nadie puede poner reparos a su
calidad, que se mantiene sin desmayos a través de los siglos: desde los días en
que un embajador de Luis XIV (1638-1715), sabio en todas las artes culinarias,
moría, empero, a los tres días de desembarcar, ahíto de paella valenciana, hasta
nuestros horas de hoy, en que uno de los grandes cirujanos de América me confió
que por una paella como la que acababa de degustar en Valencia cambiaria todo el
Museo del Prado (...)".
Para subrayar el boato que rodeaba la
elaboración de este condimento, baste recordar, que en pleno siglo dieciochesco,
las paellas se condimentaban en unas artísticas cocinas recubiertas con
artísticos azulejos. Otra muestra de la importancia que concedía tanto la
nobleza capitalina, como la huertana a la gastronomía autóctona en esa
centuria, nos lo prueban las señoriales cocinas todas éllas de una gran belleza,
decoradas artísticamente con policromados azulejos procedentes de entre otros
lugares de la ciudad de Alcora, donde se encuentra la Real Fábrica de Loza y
Porcelana que fundó en 1727 el Conde de Aranda en esta ciudad castellonense; o
bien de la no menos famosa cerámica originaria de Manises, Onda, o
Paterna: azulejos fabricados diestramente con pigmentos y polvo de vidrio sobre
arcilla, repletas de escenas culinarias, y ornamentos religiosos donde sus
paneles representaban por lo general personajes con vestimentas de aquellos
siglos. Estas vistosísimas cocinas exhibían en sus artísticos azulejos un amplio
muestrario de utensilios típicos propios usados en las mismas. En el Museo
Nacional de Cerámica "González Martí" (Palacio del Marqués de Dos Aguas),
Valencia, en el segundo piso se ha reconstituido una de esas artísticas cocinas
valencianas, igualmente se exhibe otra cocina basada del siglo XVIII valenciano,
ha sido reconstruida en su totalidad en el Museo de Artes Decorativas en Madrid.
En parecida cocina es donde germinó la Paella en la alqueria de la Parreta.
Posteriormente en otras más modestas para condimentarla se adaptaron “els
ferros” o trébedes, aro, o triángulo de hierro, que es con lo que ahora se
condimentan toda clase de paellas. Más modernamente se utilizan los nuevos
aparatos(difusores) de gas.
El evaluadísimo gastrónomo Juan Carlos Rodríguez.- El
Mundo.-Magazine (15-08-2004), Nos inmortaliza la auto-exigencia mantenida
por buenos cocineros al no hacer pirulas al condimentar la paella,
cuando como una sentencia escribe.- “A chefs creativos como Quique –o como
Raúl Alexandre, de Ca Sento– la propia cultura cerrada sobre el arroz no les
permite hacer florituras. “Más que evolucionar la receta tradicional, a mí me
interesa investigar las variedades de arroz y su cocción, o mejorar técnicamente
el recipiente”, enfatiza Dacosta. “Gracias a un abatidor de temperatura que
enfría súbitamente el guiso, puedo hacer el arroz a media cocción, meterlo en la
nevera sin que se altere y recuperarlo días después en el punto en que lo dejé.
Así, el comensal espera menos tiempo. Por otro lado, mandé fabricar unas nuevas
paelleras; llevan una resistente placa de acero adosada en el dorso que
distribuye el calor por igual. El fondo del recipiente es de teflón, para que el
socarrat quede suelto. Con esta evolución técnica, el cocinero manda sobre la
paella, y no al revés”. Aún no ha patentado el invento, que por supuesto,
también es discutible”.
Por lo tanto insistiremos una vez más en decir
que los ingredientes naturales, únicos e inalterables de la Paella de la Parreta
son : arroz, aceite de oliva virgen, pollo, conejo, ferraura o judía verde
ancha, garrafón, judía o tavella, tomate natural, pimentón rojo dulce molido,
azafrán de hebras, agua, infusión de romero.
PAELLA DE LA PARRETA
O PAELLA VALENCIANA ESTRICTOS Y EXACTOS INGREDIENTES (Para 4
personas):
300 gr. Arros Bomba, Senia, o Bahia. 600 gr. de Pollo
500 gr. de Conejo 250 gr. de Bajoca (judía verde ancha) 200 gr. de
Garrofó (judía blanca ancha) 100 gr. de Tavella (judía blanca) 100 gr. de
Tomate natural 100CC.de Aceite de oliva virgen Azafrán hebras Sal
Pimentón colorado dulce Agua. Infusión de Romero. (No coloquen tal
cual la rama de romero en la paella, hace vulgar y, sus briznas desagradan al
buen gourmet).
Todo lo tendremos apunto y limpio, excepto el
arroz que no se enjuaga. Aparte tendremos el agua templada con infusión de
romero, sustituto natural de los caracoles. Los arroces de entre todas clases,
el grano de tamaño medio es el más recomendado para la elaboración de la paella
de la Parreta.
1. -Colocaremos la paella bien estabilizada es decir que
siente bien sobre las trébedes, o mecanismo de gas, esta función es fundamental
para que luego quede bien distribuido el arroz y hierba de igual manera por todo
el recipiente. Como medida preventiva espolvorearemos sal, por el borde exterior
para evitar que se nos pueda quemar el receptáculo.
2.-Rociaremos el
aceite en frío para que este “moje” solo el centro de la paella, de esa manera
se demuestra que el recipiente se encuentra bien nivelado, y que la cantidad del
aceite es la debida.
3.-Se enciende el fuego, se calienta el aceite
(fuego lento), se extiende el aceite. Cuando empieza a humear, pondremos la sal,
y lo removeremos con rapidez para que quede mezclados el aceite y la sal, esta
operación es muy importante para que después cuando pongamos a sofreír no
salpique.
4. – Con fuego lento, pondremos en la paella la carne de pollo
y conejo troceado ligeramente salados (trozos no grades), para que estas
absorban el sabor del aceite y de la sal, hasta que queden dorados (procurando
comenzar por la parte de la piel), las carnes estarán siempre a la vista pero
nunca secas. La carne es uno de los alimentos que le da el sabor, pero quien
después proporciona las delicias al paladar son el arroz y las verduras.
5. -Si cuando sofreímos las carnes las llamas del fuego nos parecen
excesivas rebajaremos la intensidad del fuego (Podemos espolvorear con sal los
espacios libres del fondo de la paella. La importancia de que toda la carne esté
convenientemente dorada, dependerá mucho en el sabor final tanto de los granos
del arroz como las verduras.
6. –Se aparta las carnes a los lados de la
paella (con menos fuego) y en el centro se verterá todo el contenido de verduras
(judías verdes anchas, el garrofó y la tabella). Se sofreirá bien las verduras
dándoles vueltas constantemente (tres, a seis minutos,)
7.-Nuevamente
haremos un hueco en el centro de la paella y añadiremos el tomate natural, bien
fraccionado (nada de turmix). El tomate originario de Méjico, empieza a usarse
en la paella valenciana, en salsas y otras clases de aderezos en el s.XVIII.
Removeremos el tomate insistentemente con la paleta para que quede bien frito y
el arroz no quede después blando.
8.- Añadiremos dos cucharadas de
pimentón colorado dulce, que se revolverá (durante un minuto) para evitar que se
apiñe, o que se nos pueda quemar o apelotonar, por lo cual resultaría de un
gusto desagradable.
9.-Añadiremos rápidamente agua templada hasta
alcanzar el caldo próximo al borde mismo de la paella. Previamente habremos
vertido la infusión de romero (Deshacemos un mito ancestral, por todas las
pruebas realizadas estamos en condiciones de asegurar que toda el agua potable
es buena para condimentar la paella).
10.-Pondremos las hebras de
azafrán que deben secarse, no tostarse, le dará grato color y sabor.
11.
Dejáramos hervir aproximadamente entre treinta y cinco y cuarenta y cinco
minutos más o menos para que queden adsorbidos los delicados sabores por el
arroz y las verduras.
12.- Levantada la ebullición, continuar hirviendo
pero a fuego lento para que continúen empapándose de todos los sabores
naturales.
13-. Cuando nuevamente hierva el agua, su medida exacta es
alcanzar los remaches posteriores de las asas. Si el caldo ha bajado de los
niveles recomendados, puede añadirse un poco más de agua.
14.- Es ahora
un buen momento para probar el caldo y ver si hace falta añadir sal. El caldo lo
debemos de encontrar gustoso. Ligerísimamente salado, ya que el arroz durante la
cocción, absorberá parte de la sal.
15.- Mojar nuevamente (caldo), hasta
los remaches de las asas del recipiente.
16. Los arroces de entre todos
los tipos, el grano de tamaño medio es el más recomendable para cocinarlo en
paella valenciana. Este arroz cuece en un tiempo suficiente y apropiado para
armonizar con los sabores de las materias primas sin excesos, en una justa
medida. -Poner el arroz, que lo colocaremos formando un caballón que ocupará el
diámetro de la paella, hemos de procurar que sobresalga el arroz ligeramente por
encima del caldo; se distribuye rápidamente el arroz por todo el recipiente,
terminado de realizarlo, no se volverá a remover.
17. El mencionado
caballón (saliente) es una manera sencilla de acertar la cantidad de arroz para
cualquier tamaño de paella. Debemos de procurar que no queden granos de arroz
sobre la carne o la verdura sin estar sumergidos en el caldo, se mantendrá de 6,
a 8, minutos. El fuego en esos momentos será muy vivo, seguidamente se rebajara
su intensidad hasta que el arroz lo encontremos cocido.
18. En estos
momentos el caldo quedará reducido a menos de la mitad. Como medida preventiva
tendremos siempre agua a parte (templada), por si acaso nos vemos obligados
añadir.
19. El arroz nos quedará listo, entre veinte, y veinticinco
minutos.
20. El arroz no debe quedar caldoso. Si se agarra ligeramente
en el fondo de la paella, se le llama “socarrat”, este arroz, según en opinión
de algunos comensales es el que tiene mejor sabor (cuestión discutible). Tanto
si el arroz nos parece que está casi cocido pero todavía nos queda mucho caldo,
o por si al contrario el arroz continua estando duro bajaremos la intensidad del
fuego y a fuego lento lo mantendremos hasta que nos quede evaporado el
caldo.
21. Si los granos de arriba, los encontráramos resecos por perder
antes el agua que los recubría, los terminaremos de hacer, dejándolos reposar en
lugar a ser posible húmedo.
Nota.- En la antigüedad se retiraba del
fuego la paella y se colocaba en reposo sobre el círculo del suelo húmedo
y arenoso cercano al pozo de donde se sacaba el agua para el consumo
humano. En el Fundamento de la Paella de la Parreta, no se acepta en su
elaboración el empleo de la palabra truco por posible concomitancia con engaño,
pues todas las materias primas que se emplean para la elaboración de este plato
serán naturales e impolutas. Por el origen de esta comida, su elaboración solo
admite la consideración de arte efímero.
Mi tía, la persona que conocía
todos los secretos de tan significativa receta, me dijo esto para
mí, tan trascendental.- “Que esta fórmula nació como todo plato regional: de la
conjunción de los alimentos que proporcionaba la mencionada alqueria: Arroz,
guisantes, tomates, pollos y conejos que se criaban en este predio, así como una
amplia variedad de judías verdes. Para completar la suculencia de este guiso se
procuraba el aceite de oliva, característico de esta hondonada
mediterránea”.
Como es bien sabido por todos, la Comunidad Valenciana,
disfruta durante todo el año de un clima privilegiado, pero es al principio de
la primavera cuando de sus naranjos florece el azahar y
lo perfuma todo con su aroma inconfundible. La seductora
fragancia del azahar junto sus verdes hojas de las ramas del
naranjo, que inundan las huertas de la región, es la misma madera que los
valencianos prefieren utilizar para cocinar el plato más famoso de
la cocina de esa tierra luminosa: la paella. Combinado, cómo no, con los
exquisitos aromas del aceite de oliva, el azafrán, el tomate, pimiento
colorado, el sofrito de las especificas y doradas carnes junto a las
frescas y típicas verduras de esta alegre región.
Nota.-
La Parreta fue galardonada con el titulo y la medalla otorgada por el Centenario
de la Cámara de Comercio de Valencia (1896-1996). Disponen de mi
autorización, para que puedan mostrar, comentar, etc, estos
fragmentos. Atentamente. Fdo.- Juan Bautista Viñals
Cebriá.
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